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Español
arrojando a los hijos al lodo de pólvora,
educando nuestros sentidos en el cansancio de las trincheras,
enraizándose en la tierra la esencia que se nos niega,
vamos siglo tras siglo.
Crece en nuestros secos ojos
el sinsabor del deseo de libertad,
frente a la ciega desesperanza
no tenemos estrella polar.
No llega a nosotros el resplandor de
los cabellos dorados de la diosa Mari,
ni tampoco el eco encantador de las lamias
que cantan en las regatas límpidas.
¿Es que no descenderán jamás
a peinar con su peine de oro
estas malezas revueltas?
¿Ni nos impulsará encendidamente el toque
de Jaun Zuria, hijo del rayo de fuego celestial?
En alguna parte están, amor mío,
los blancos vestidos de seda de nuestras princesas,
en alguna parte, sin duda,
las frescas flores que nadie ha olido todavía,
en el paraíso de los hijos de la libertad.
Cuando podamos solazarnos en el amor
cuando los niños de Euskal Herria se vuelvan
a dormir mecidos en hermosos cuentos vascos,
cuando nuestras miradas se hermanen,
cuando se escuchen cantos victoriosos
al dominar nuestra esencia fundamental...
Entonces sí, amor,
convertiremos la suave hierba de nuestra tierra
en sensual vestido de nuestros cuerpos,
flotando embriagados de amor
en vertiginoso vuelo,
en el reposo de cuerpos temblorosos,
invocando a los hijos de la libertad...
alcanzaré allí en tu vientre
el principio de nuestro mundo.
Musikazblai Euskera
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